No todos los de clase participaron en la actividad, ya sea por vergüenza o por falta de cuento. Entre los que participamos se dieron diferentes relatos, los típicos, como Los Tres Cerditos; otros populares pero renovados, como el de El Ratoncito Pérez; pero también hubo una rama algo más tétrica que acababa con partes del cuerpo amputadas y familiares muertos...
Con todo, los chavales salieron contentos de la actividad, aprobando con creces el examen de aplausos que les hacía Juan Pablo.
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